Internet de cosas: el futuro es inteligente

Internet de cosas: el futuro es inteligente

Internet de cosas: el futuro es inteligente

La apuesta en el desarrollo de las redes inteligentes está posibilitando una cada vez mayor conexión entre dispositivos conectados a Internet. La Internet de las cosas (IoT) es ya una realidad, haciendo las fábricas, las ciudades y las casas inteligentes.

Inteligente. Esta es la contraseña para entrar en un futuro cada vez más. A medio plazo, todo a nuestro alrededor pasará a ser inteligente. No, no estamos hablando de personas, estamos hablando de cosas. Actualmente ya tenemos teléfonos, casas, relojes, electrodomésticos y automóviles dotados de ‘inteligencia’, pero muchas más cosas aguardan para entrar en nuestra rutina. Y esta magia sólo es posible porque Internet salió de las computadoras y llegó a las cosas.

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Internet de los objetos (IO) (Internet de las cosas, en portugués) da día a día los objetos informáticos conexión de alimentación y de Internet y permite la comunicación entre ellos. La Internet Society, una organización sin fines de lucro fundada en 1992 en Estados Unidos para que Internet llegue a todos, define la IoT como la extensión de la conectividad de la red y la computación a objetos, sensores y otros dispositivos que no se consideran computadoras.

Y son innumerables los ejemplos de lo que ya existe y de las posibilidades futuras que esta tecnología puede traer. Los semáforos, vehículos, cámaras de vigilancia, sensores para diversos fines, dispositivos médicos, relojes e incluso ropa son ejemplos de lo que la IoT permite tener en conexión a la red. En el advenimiento de Internet, Mark Wiser, considerado el padre de la computación ubicua (la tercera fase de la computación), predijo esta posibilidad en el artículo científico que escribió con el título “The Computer for the 21st Century”.

El experto en computación ha avanzado ciertas tendencias tecnológicas con las que veía la posibilidad de que todos los tipos de objetos puedan detectar, comunicar, analizar, actuar o reaccionar a las personas y otros objetos de una manera tan simple como usar un interruptor para encender o apagar la luz luz. Lo que era entonces la futurología es hoy una realidad cada vez más arraigada en nuestros hábitos diarios.

El gran objetivo de todos estos dispositivos estar conectados y de la gran cantidad de información recogida es posibilitar su procesamiento de forma que se obtengan resultados prácticos. Por ejemplo, en los semáforos se recoge información para evitar atascos o en los dispositivos médicos se recogen datos para anticipar una enfermedad grave … Las posibilidades son prácticamente infinitas.

Serán 34 mil millones los dispositivos conectados en 2020

Un informe de BI Intelligence, área de investigación de Business Insider, publicado en 2018, denominado “The Internet of Things Report”, Estima que en 2020 habrá unos 34.000 millones de dispositivos conectados a Internet en comparación con los 10.000 millones que estaban conectados en 2015. De estos dispositivos, unos 24.000 millones se refieren a la IoT y sólo 10.000 millones a los tradicionales aparatos de computación, como en smartphones, tablets, smartwatches, etc.

BI Intelligence revela que en los próximos seis años IoT va a mover cerca de seis billones de dólares en soluciones en todo el mundo. Y serán sobre todo las empresas las principales usuadoras de Internet de las cosas. Son varias las ventajas asociadas a esta nueva tecnología en el mundo de los negocios. Reducción de los costos operativos, aumento de productividad y posibilidad de expansión para nuevos mercados y nuevas ofertas son las tres principales. Para los investigadores, los clientes finales serán los últimos en adoptar la Internet de las cosas, siguiendo las empresas y los gobiernos, pero sin embargo estarán dispuestos a gastar fondos considerables en estos dispositivos y ecosistemas. La IoT está, por tanto, a transformar la forma de negociar de las empresas un poco por todo el mundo, al tiempo que va movilizando también a los consumidores.

La industria toma la delantera

Una aplicación práctica de la IoT a los negocios tiene que ver con la llamada 4.ª Revolución Industrial, es decir, la Industria 4.0, también conocida por Industry IoT (IIoT). Es un concepto de industria muy marcado por la convergencia de tecnologías digitales, físicas y biológicas y va más allá de aplicar sistemas tecnológicos y tecnologías de información y comunicación a los procesos productivos.

Se afirma, sobre todo, a través de la interacción entre los diversos dispositivos instalados en las fábricas a lo largo de la cadena de producción. En Portugal, por ejemplo, Lusiaves, una empresa agroindustrial, tiene sus 30 fábricas totalmente automatizadas y Sensorizado. A través de los sensores es posible saber en tiempo real, por ejemplo, la temperatura de los pabellones, la humedad del aire y el confort de los animales. Y todo es monitorizado las 24 horas del día, siete días a la semana, siempre con el foco en la calidad del producto final.

Lo mismo ocurre con Vitacress. En sus granjas, todo el proceso de producción agrícola es monitoreado a través de sensores, controlando a distancia y en tiempo real las condiciones ambientales de sus cultivos. Estas son las bases de las fábricas inteligentes, que ya existen hace algunos años en la tecnología punta, así como en la producción de tecnología automovilística. Bosh, por ejemplo, se afirma como una empresa líder en IoT, ya que en los últimos 10 años ha producido más de 10 mil millones de sensores ya través software IoT Suite conecta entre sí más de 8,5 millones de sensores, equipos y máquinas.

En el día a día el consumidor final también puede disfrutar de innumerables innovaciones que le facilitarán la vida. Ciudades y casas inteligentes, completamente conectadas a Internet, permiten un sinnúmero de cosas prácticas. En la movilidad dentro de las ciudades, es posible saber en la parada del transporte público cuántos minutos tarda el próximo transporte. La ciudad de Oporto es en este momento un laboratorio vivo, donde más de 800 dispositivos monitorean situaciones cotidianas, como el tránsito, el ruido, el estrés de los conductores. Gran parte de esta información proviene de los sensores instalados en el transporte público y otra parte de los smartphones de los ciudadanos. Es ya un embrión para las smart ciudades del futuro, muy basadas en IoT.

“Yo nunca pienso en el futuro, él llega temprano más,” dijo un día Einstein. Y, de hecho, el futuro también ha entrado en nuestros hogares. Según datos de la Comisión McKinsey, el mercado de los smart homes ha crecido al ritmo del 30% al año en Estados Unidos, donde en 2017 existían 29 millones de viviendas vinculadas a la IoT. Una smart home es una casa donde los aparatos eléctricos están conectados a la red Wi-Fi o por Bluetooth e integrados para ser controlados por sus habitantes. Control de temperatura, iluminación, activación de electrodomésticos, todo es posible. A través de la inteligencia artificial, su máquina de café podrá hacerle una bebida más fuerte si la noche ha sido mal dormida o el frigorífico le avisará si falta leche.

LG, por ejemplo, desarrolló un frigorífico inteligente, conectado a Internet, y que, entre otras características, permite hacer un inventario de todos los productos que contiene e incluso pedir los productos que faltan. La misma marca también desarrolló un aspirador con cámara que estudia el suelo para percibir las partes que necesita limpiar mejor y que podrá ser accionado remotamente a través de una aplicación.

Pero, lo que parece ser, de lejos, un mundo maravilloso, en que todo sucede conforme a nuestra voluntad, trae, sin embargo, una gran cuestión: la de la seguridad. Y esta no es una cuestión secundaria, pues con tantos dispositivos conectados en red muchos problemas de seguridad pueden surgir. Una brecha que, seguramente, el futuro también resolver.

Roni